Durante 5 meses, el vino se somete a crianza «sur lie» en barricas de roble francés, lo que implica mantener el vino en contacto con las lías finas (sedimentos de levaduras y partículas de uva) después de la fermentación. Durante este tiempo, se realiza «batonnage», que consiste en agitar las lías finas con un bastón para extraer más aromas, sabores y textura del roble y las lías. Este proceso puede durar de 2 a 6 meses y se lleva a cabo de forma regular para garantizar una integración completa de los componentes del vino.
El vino presenta un color amarillo pajizo brillante, que indica su frescura y vitalidad.
El aroma es espectacular, con notas dominantes de jazmín y flores blancas, que aportan una sensación aromática delicada y perfumada. También se perciben sutiles notas de frutas subtropicales, que añaden complejidad y exotismo al bouquet.
En boca, el vino es profundamente armónico, lo que significa que todos sus componentes están en equilibrio. La intensa acidez mineral aporta frescura y vivacidad al paladar, mientras que el final persistente está marcado por la presencia de frutas subtropicales como el lichi, el mango, el kiwi y el plátano, que proporcionan una experiencia sensorial completa y satisfactoria.



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